Colusión.

8 Abr

1.

Tarde de domingo e invierno.
Ayer me dí el gusto de escribir en la puerta de un wc público algunas palabras. En negro, en un jugoso plumón Pilot negro. Entre las obscenidades, amenazas de muerte y mas amenazas de muerte entre hinchas de equipos de futbol garabateé extractos de mis canciones favoritas. Me gustaría que mas gente las leyera y sacaran sus propias conclusiones. Cultos? Esquizofrenicos? Poetas suicidas o shamanes indigenas dejaron sus notas ahí? Que tal una banda de hardcore más o menos extinta? Es probable que esas conclusiones sean mucho mas interesantes de lo que yo saco en claro al escribir todo eso. Quiero que su imaginación corra salvaje hacia la oscuridad. Megalomanía de por medio quiero que imaginen chicas preadolescentes en disfraces de Halloween corriendo rampantes con hojas de afeitar en sus manos, problemas con padres abusivos y cabezas llenas de acido.
Tarde de domingo en invierno. E invierno, no olvides eso.
La mitad del cítrico, _____, y yo caminamos esa tarde por donde la mayoríaa de la gente no camina.
Las bodegas y puertos de descarga de un centro comercial. Evitamos lo corriente para poder incurrir en conversación. Una vez dentro nos portamos como escolares caminando y hablando profanidades en voz alta, esquivando a todos esos horribles personajes, esas criaturas que se empeñaban en chocar contra nosotros. Esos ejércitos de mal gusto y molestia. Ellos no iban a echar mi tarde por la borda.
A medida de que el Sol se guardaba en el Pacifico atras de la Cordillera de la Costa, nos guardamos también nosotros encapsulados en el Metro.
Besos, ternura. Derroche de amor, cuanta locura.
Te bajaste y yo seguí mi camino.
Un niño perdió una de esas guitarras plásticas que no se pueden afinar ni tocar con ellas, de esas bien pequeñas que generalmente vienen en un set con flauta, tamborín y cascabel. La tomé en mis manos, y con mi plumon jugoso escribi “ESTA MAQUINA MATA PACIFISTAS” en honor a Guthrie. Je. Me gustan los instrumentos musicales, tengo varios, quizás mañana aprenda a tocar.

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2.

Echo de menos algo rodeando mi cuello.
Tuve por mucho tiempo un collar con bolitas de madera.
Así como los de los hare krishna pero con tan solo la mitad de las bolitas. 56 en vez de 108. Una amiga lo odiaba, otra lo encontraba muy simpático e inventamos/recreamos una historia sobre iniciación incompleta en la religión mas arriba mencionada.
Lo tuve por alrededor de dos años, recuerdo haber ido a un show y perder el anterior durante un stagedive y anduve con el cuello desnudo por un par de semanas hasta que la oportunidad de conseguir uno nuevo se presento en una feria artesanal de Valparaiso, al bolsillo y a la calle.
No recuerdo bien cuando lo rompí pero siempre que eso ocurre me siento como que algo se rompe también.
Estuvimos comiendo snacks de la máquina en el lobby del hotel mientras esperabamos a que la lluvia empapando nuestra ropa se terminara de secar. Convenimos de que los sabores mas picantes solo me apetecen a mi. Mientras, jugaba yo con mi collar poniendo mi pulgar y mi indice alrededor de una pelotita y la hacia rodar sobre su eje. Quizás ese fue el comienzo del fin para ese collar. Fantástico si estás comiendo sin usar las manos como un rey mientras suavemente te ponen chips de platanitos en la boca. No es fantástico cuando eres un pato y te llenan el esófago de comida para engordarte y hacerte paté de fois grás.
He visto algunos collares singulares.
Ví a una pareja con unos pequeños frasquitos colgando de un hilo en el cuello con algo asi como una pelusa dentro. No pude aguantarme y les pregunté que onda y respondieron con una historia sobre haber estado de campamento no se donde y encontraron pelo de lobo y lo pusieron ahí para que les diera fuerza guerrera…mmm…hippies.
Mi amigo Trucho le soldó un anillo adicional a un crucifijo para poder invertirlo. Sarah la gringa tenía unas pequeñas llaves de esposas colgado del suyo, siempre negó tener las esposas en casa.
Adorablemente malvados, siempre miro con fascinacion lo que elegimos colgar de nuestros cuellos. Quizás me compre una de esas cabezas jibaras que creo venden en  eBay para lograr un máximo estilo.

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3.

Como sobremesa al juego de cartas y a esa imprecisa película Troy, conté a Jen la historia de Leda, sin mayor razon discernible que seguir hablando sobre algo que me gusta mucho como la historia de Grecia antigua. Es una buena historia, igual.
Leda era la reina de Esparta y Zeus el dios Galaniche estaba bastante colgado de ella asi que se transformo en un cisne, y depende de que bando quieras tomar parte en la historia, acabo seduciendola o violandola. Realmente el argumento acerca de la seduccion o violacion calo hondo en Jen pero a mi en general, me da lo mismo. El punto es, que al final del dia, folló con un ave acuática elegante, grande y embalada. Hay un poema muy cool acerca del hecho y si quieren leerlo denle un search en google o lean un libro, mientras existan aún los libros o vayan a una biblioteca, mientras existan también las bibliotecas.

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4.

Este es un despacho en directo desde mi antigua habitación.
Una mañana de domingo que bajaba lentamente por las persianas para entibiar mi carne llena de músculos gastados. La falta de sueño y mi busqueda incansable para encontrar la panacea universal, el secreto de la eterna juventud me ha dejado en hilachas, hilachado pero bueno, hecho hilachas al fin y al cabo.
Este escrito se va a tambalear porque mi cabeza no esta funcando al 100% para hacer algo delicado e intrincado como es hacer en estos días algo de prosa respetable.
El impedirme a mi mismo de caer en la flojera me lo da el confort de haber pasado una noche en compañía de la grandeza. No me estoy quejando, aunque cada crujir de mis huesos antagoniza con la idea de no hacerlo, no me quejo aunque siento agujas en todos mis tejidos.
Mi madre me enseñó una vez que las pequeñas victorias son la salvación.
Nada más.
No necesito experiencias religiosas. Ni epifanias que me alteren la vida. No necesito tomar peyote en el desierto y montarme arriba de una serpiente púrpura para ir a otro mundo.
Necesito un trozo de pizza. Ver algo de tv en la noche. Las calles de Santiago en las tardes de domingo. Necesito a Cat Stevens en mi discman, o Al Green en su defecto.
Necesito pinchar con extrañas mientras pedaleo y tener así algunos rebotes momentaneos de depresión invalidante.
Esas son mis pequeñas victorias a la sombra. Necesito ese raro clima tibio de esta ciudad y necesito ir a un buen show. Eso por sobre todo.
Necesito sudar mirando a cuatro idiotas rompiendose los dedos con sus guitarras confesando sus culpas en declaraciones expulsadas en gargantas enfermas que tienden a rimar consonantemente en todas las lineas.
Sin disculpas.
Eso es salvación. Y afortunadamente yo la puedo encontrar la mayoría de las tardes de sábado.
El verano llegaba.
Siempre es un momento en el aire enrarecido cuando el verano llega. Siempre un poco de violencia en esos primeros días con calor.
Un mañana en particular caminaba a casa desde el supermercado y noté que la gente desde un paradero de buses me miraba de manera extraña. Miré hacia donde ellos miraban para darme cuenta de que estaba parado sobre un charco relativamente ancho y razonablemente hondo de sangre humana coagulando al sol. La historia es que habian atropellado a alguien pero el conductor se dió a la fuga y el herido se quedo ahí hasta que pudo pararse y tomar micro e irse a la posta. Así sin más, solo.
Dicen que cuando el calor sube, se pueden escuchar los cuchillos que se afilan.
A pesar de todo eso, cuando llega el verano soy transportado a los dias de relajo de mi infancia. A pesar de que nunca jugué en el grifo ni participé en cosas muy arriesgadas. Eran buenos los dias de diversión que se acababan en una cabeza rota o cuando el sol se escondía.
En un barrio donde aun muchas de las mismas familias que lo fundaron hace 40 años siguen ahí traspasando el mando a nuevas generaciones, el gran regocijo veraniego era el de estar todo el día sin hacer nada. Bailando rap, prendiendo autitos en fuego con fosfóros y acetona, fútbol, robar dulces del almacén en la  esquina y esperar a que el verano acabara y ser un año mas viejos.
Un año mas cerca de eso llamado adolescencia, lo cual para nosotros significaría que se acaba ese goce previo a la temida pubertad.
Así crecimos, probando un par de drogas y descubriendo el punk rock.
Enamorarse, y aprender que enamorarse no significa nada cuando la chica ni siquiera sabe que existes. Pasar el miedo de ser llevado en cana un par de veces.
Escuchar la musica que tu madre escuchaba cuando eras un niño pero esta vez con tu propia voluntad e interpretación.
Crecer, pero no envejecer.
Mirar hacia atrás a esos veranos de infancia y finalmente apreciar todas las pequeñas victorias que tuve. Y de ahí poder considerar por un momento que quizás algun día voy a volver a mirar atrás en el tiempo y encontrarme con esas pequeñas victorias que en este momento estoy disfrutando ignorantemente.

Fun.

Una respuesta to “Colusión.”

  1. perla abril 9, 2009 a 5:38 am #

    Están mis patitas ahi.

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